Cuentos menos Breves



El Ciervo vulnerado Emilio Callfull
(Parte III y Final)






Me dirigí a la puerta de metal, la reja oscura para poder asomarme por encima y descubrir que contemplaría.
Al hacerlo me sentí más idiotizado que nunca y con una sensación de idiotez que me ponía tenso. Solo se trataba de una compañera de la facultad de arquitectura que me levantaba una atracción sorda y cautivadora a su persona. Una tentación a veces molesta y con control propio, que no me dejaba de perturbar hasta en los estados más extremos de mi efímera personalidad. Mis emociones eran más bien auto controlables y eso me hacia pensar en lo emparentado que estábamos con los animales. Me hacia pensar en lo embaucador que suele resultar pensar que uno puede a veces decidir las cosas y llevar a su propia persona a un carácter ideal, perfecto para uno mismo. Me duele admitirlo estar atraído tan bochornosamente y no poder hacer nada contra ello. Que instintivo es el hombre y que estúpido pensar que la lógica se ríe de uno como arlequín diabólico que consume gases narcóticos mientras se mofa con desesperación.
Me baje de las barras de metal y me retiraba cuando el ruido de la puerta delantera me produjo un apuro al latido del aturdido corazón, de reojo note que ella salía por la misma puerta la cual estuve asomado y se dirigía en mi dirección como si las ocasiones y el destino existieran para mostrarme su acto represivo en contra mía. Seguí caminando hacia fuera del pasaje y trate de disimular el episodio, pero fue inútil, bajo el destello del alumbrado reconoció mis facciones y se dispuso a interpelarme con su voz serena y viscosa. Pero mi mente no dio más cabida que negar todo reconocimiento y darme a una fuga decepcionante para muchos.
Seguí corriendo entonces. Ella desapareció por los callejones y yo me dirigí de nuevo a mi incertidumbre entre los edificios y mi egoísta lucha por saber cual era mi meta en este mundo. Cada vez que levantaba mi cabeza me daba cuenta que no sentía nada de vida en mis pensamientos y nada de respeto por quien era mi persona.
Corrí entonces como un animal el cual se acostumbra a correr sin motivo, como rata de experimento en un laberinto sin carnada. Correr solo para no sentir el calambre de sentirse postrado.
Entonces llegue de nuevo al block y me tendí en la cama fría como piedra en medio de un lago, me sentía en medio de un lago enorme y frío que sin tocar el agua me ahogaba con solo pensar en este. Me tendí boca arriba con una calma que me hacia pensar en mi infancia y en la mano tersa de mi madre.
Tome un respiro hondo y me detuve a contemplar como el frío absorbía mi sentimiento de cariño por este mundo y como el respiro se debilitaba. Solo quedaba esperar que la inanición hiciese lo suyo y que los ojos se serraran lentamente para no sentir que estuve un día detenido.
Mis días, mis años se consumieron en segundos, en un degrade oscurecido. Solo quedaron dudas y los pasos que enfrío la gran peste, “el miedo”, la verdadera enfermedad que ha tragado al hombre y lo mantiene en sus fauces. El miedo de ser quien no pudiese reconocer me tendió en sus orillas como bahía desolada. Miedo que se ve en los ojos del pueblo entero y genera la fiebre que deja desconformes a quienes pasan por su lado. Es verdad: correr no siempre te hace avanzar.
Cerrado los ojos me dedique a espirar.

- Fin -

Cuentos menos Breves

El Ciervo vulnerado Emilio Callfull

(Parte II)


Entonces me vi de nuevo en el asfalto, ¿qué debería hacer ahora? ¿Seguir corriendo? ¿Tropezar y dejar que me pase a llevar la muerte? ¿Dejar que el sol delirante tome parte de mis fuerzas por la mañana? Si es que aparece. ¿Dónde iría ahora?
Volví a tener dudas de mi estado cuando volví a ver las caras por los callejones y comencé a especular mi enfermedad y sus efectos nocivos en mi ser. Sería demacrado por este terrible maleficio sobrehumano, según me parecía, Volví a correr entonces. Volví a verme colapsado por las torres de piedra, las columnas embrutecidas, con más odio que nunca, más rabia que gris color veían mis ojos y mi boca se quebrajaba con el frío del lugar. Fue cuando un hedor putrefacto y un sentimiento de asco se sumergieron en mi Faringe, Laringe, traquea, etc. Me comenzaba a enfermar de verdad y no había nada que pudiese hacer.
Cuando reaccione estaba sentado en una plaza, sumergido en un pensamiento pasmado que cancelaba mi exterior por cualquier motivo, fue entonces, reacciones y salí del estado narcótico suavemente, me tome la cabeza como cuando uno no sabe que paso, pero yo recordaba cada estado alterado que rompía como diamante el delicado cristal de mi mente. Soborne de nuevo el conciente con otros de dulces psicotrópicos que acompañaban las angustiosas noches de esta carrera loca por saber que es lo que lleva el carro brillante y adornado de mi vida.
Recordé que no tenía donde ir, que mi compañero me había cambiado por una damisela encantadora que le podía ofrecer mucho más que yo. ¿Él era un buen amigo? La verdad a nadie le importaría, ni a mi. Porque ni lo conocía mucho: sabía que estudiaba bioquímica en mi universidad y que me arrendaba un cuarto barato para poder estudiar. Entonces mi posición no era la mejor del mundo, ni siquiera podía contar con lo que me correspondía.
Camine directo a un lugar que no reconocía de inmediato, un lugar que he visto pero no logro reconocer en mi memoria. De hecho camine guiado por el fuerte sentimiento de lo incompleto, un pensamiento roto que ruega ser concluso y que lleva a veces a lugares infinitos.
Llegue de frente a un pasaje que fui reconociendo lentamente y que fue iluminándose más tarde. Tendí a pensar de que se trataba, no podía dar con la explicación de porque estaba en aquel lugar. Mi mente irregular caminaba como un sanguinario calamar y sus tentáculos se enredaban formando remolinos en una superficie de ideas, cual de ellas más distorsionada y maulladas por mi intemperante estado. Yo solo podía distinguir salida de tal neutralidad dando pasos hacía adelante, captando la mayor información visual para dar con el acertijo. Me dirige a la puerta de metal, la reja oscura para poder asomarme por encima y descubrir que contemplaría...
Continuara

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El Ciervo vulnerado Emilio Callfull

(Parte I)








Corrí aplastado entre las torres de piedra. Refiriéndome a los grandes edificios, las columnas infestadas de hombres mecanizados, los cuales plagan el terreno baldío de humildad, que deja postrada la ciudad. Un lugar frío, donde no posee vida alguna el entorno. Donde es difícil respirar y sentirse cómodo al mismo tiempo, pareciera que me cobraran con una mirada sarcástica cada mili litro que inhalo mientras corro por sus callejones, cada uno plagado de enfermedades, no comunes, ni visibles a simple observación superficial. Enfermedades que solo se podían ver en sus corazones y a través de sus ojos, cristalizados por la plaga más grande que el mundo había conocido e imaginado. La “enfermedad verdadera” como se hablaba entonces, una verdadera profecía bíblica que nadie podía prevenir y muy distantemente tratar.

Así me fui internando en esta ciudad infestada por la plaga, a mis ojos una plaga absurda, ya que no tenía cabida en mi mundo antes visto, pero que poco a poco iba tomando lugar en mi persona. Quizás ya me empezaba a dominar esta enfermedad, la verdad tenía mis dudas y en mi posición todo era incierto.

Solo corría, a ratos sin saber porque. Fue cuando llegue a la habitación donde me estaba quedando y me parecieron eternas y oscuras las escaleras del viejo block, desdeñadas, de madera torcida y apolillada. La pintura siempre estuvo deteriorada pero hoy tomaba un tono amarillento como envenenado. Al abrirse la puerta, una imagen cadavérica, un personaje reconocible. Mi compañero de morada, un tipo de aspecto deforme y con una empatía extinta. Su nombre a veces se me borraba y a ratos se me confundía, así que solo dije “hola” pero su cara deformada con rasgos deprimentes y alegóricos no cambio. Espere un rato a que reaccionara, pero no paso nada, entonces me vi presionado a pasar empujando su cuerpo mientras me miraba a los ojos con una mirada imperturbada e inerte. Fue cuando dio señal de vida, al parecer no era una especie de zombi como yo pensaba, sino en cambio tenia vida, mucha más vida de la que yo pensaba, porque no estaba solo sino acompañado y que bien acompañado y no precisamente con otro zombi como se encontrarían los zombis, sino más bien con una mujer, una joven. Entonces fue cuando comprendí el mensaje, la indirecta que trataba de ponerme en frente mi compañero.

Entonces me vi de nuevo en el asfalto... Continuara.


CUENTOS BREVES





CELOFÁN Emilio Callfull






Es que estoy desorientadamente aburrido así que decidí que voy a escribir mi cuento en tu ventana… Si la mente y el hombre digieran un día. – Entonces esto es lo que nos une. -Y se dieran la mano y el hombre abrazara a la mente.

Estoy seguro de que apenas la mente le de las espaldas, el hombre salpicara las murallas con su sangre, mientras el cuchillo destroce su espalda y abra surcos en su carne como el hombre abrió algún día los suyos en la tierra y que el Sol trato con tantas ganas que no se lograra, por que sabía que el hombre no hacía nada por hacer y que su fin siempre justificaría sus medios.

Entonces ¿Dónde quedo el Sol? Y sus pasos hacia la noche. Se durmieron con los dejados sobre el suelo, sobre el césped de la laguna y sus ojos se quemaron mientras lloró.



(para Maritza Alejandra Baeza Erices, escrito en su ventana)